La mayoría de la gente no va de compras a Haití, a menos que sean cubanos

La mayoría de la gente no piensa en Haití como un destino de compras. A menos que sean cubanos.

Cada tarde, cientos de cubanos revolotean por una encrucijada llena de baches en la capital del país más pobre del hemisferio buscando ropa, bombillas, perfumes y otros productos que escasean en su país.

 

Los vendedores haitianos ponen reggaetón cubano a todo volumen para atraer a la clientela. En un café abierto hace un año, decorado con banderas cubanas pintadas, Angelina Luis Domínguez, natural de La Habana, y su sobrina Yeleny Terry Luis sirven frijoles negros, arroz y cerdo asado a sus compatriotas a la hora de comer.

“Hay miles, por todos [lados]”, dijo Domínguez. “Antes eran cuatro o cinco; ahora se ha minado. Es Cuba que creo que está aquí”.

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